Estamos ante una imagen de Cristo yacente a tamaño natural, ligeramente encogida, con la cabeza recta; las extremidades de Jesús aparecen dobladas por la rodilla, apoyada la pierna izquierda sobre su derecha. Los brazos están paralelos al cuepo, y solo el izquierdo se apoya en él, con la mano encogida a la altura de su cadera. El cuerpo de Jesús, desnudo, muestra las llagas de la Pasión en sus pies y costado derecho, por causa de la lanzada del soldado Longinos, de la que brota un hilo de sangre que discurre a lo largo de su costado. La cabeza de Cristo aparece reclinada sobre una almohada cubierta por la misma sábana blanca, a modo de sudario, en que reposa su cuerpo inerme. Y a su lado, los símbolos de la Pasión: la corona de espinas, y más abajo, a la altura de sus rodillas y pies, los clavos –deformados, para resaltar que estuvieron profundamente clavados y hubo necesidad de un gran esfuerzo para extraerlos– con los que fue crucificado. El conjunto de esta pintura recuerda a los Cristos yacentes del escultor lucense Gregorio Fernández (1575- 1636), artista barroco y máximo exponente de la Escuela Castellana de escultura. Representaciones que a la vez sirvieron de modelo para algunos de los Cristos yacentes similares a éste, realizados por el artista Mateo Cerezo (1637 -1666). Tal es el caso de su cuadro: Cristo en el Sepulcro, que se custodia en la Iglesia de San Lorenzo de Valladolid, concebido para ser expuesto a los fieles en el día de Viernes Santo.
Título: Cristo yacente
Autor: Anónimo (Escuela Madrileña)
Fecha: siglo XVII
Técnica: Óleo sobre Lienzo (166 x 85 cm.)
ID: PB0530