Con esta obra llegamos al final de esta la de cuatro cuadros sobre la Natividad. La pintura representa el momento en que María y José llevaron al niño Jesús al templo de Jerusalén para que fuera consagrado al Señor. El rito tenía su origen en conmemoración de la muerte de los hijos primogénitos de los egipcios, en la noche en que fueron perdonados por Yahvé los de los judíos. Según la tradición, este rito era costumbre celebrarlo por los judíos junto al de la “purificación” de la madre, que requería el sacrificio de dos tórtolas o de dos pichones. De ahí que en la escena aparezca también una mujer que les acompaña arrodillada ante ellos, con una bandeja con un par de palomas. La escena aquí representada sigue el relato del Evangelio de San Lucas: “Llegó entonces al templo Simeón, hombre piadoso a quien se le había prometido no moriría antes de ver al Mesías. Cogió al niño Jesús en sus brazos y exclamó: ahora Señor, según tu promesa, despides a tu siervo en paz”. La escena está enmarcada en el interior de un templo decorado con columnas barrocas, en alusión al templo de Salomón, y las figuras aparecen bajo un solemne palio carmesí. En el pasillo central de la composición, a lo lejos, se ve avanzar la figura de una mujer con su hijito cogido de la mano para cumplir también ella con el rito judío de la Presentación.
Título: Presentación de Jesús, con arquitecturas
Autor: Francisco Antolínez y Sarabia (1645 -1700)
Fecha: siglo XVII
Técnica: Óleo sobre Lienzo (47 x 35 cm.)
ID: PB0352