La Virgen aparece aquí coronada de estrellas bajo la paloma del Espíritu Santo. Reina sobre la esfera del mundo, sobre la que se arrastra la serpiente del paraíso con la manzana de Eva en la boca. Destaca de la composición el pie izquierdo de María, que reposa sobre la cabeza de uno de los tres angelitos que se hallan a sus pies. La Virgen representada con un rostro sonriente, mirando hacia el suelo, aparece con su cabeza adornada por una corona de doce estrellas, rodeada por cuatro parejas de cabezas de angelitos con alas que flotan a su alrededor. Esta composición es muy similar a la Inmaculada, obra del pintor burgalés Mateo Cerezo (1637 – 1666), que se conserva en el convento de Santa Paula, en Sevilla, por lo que probablemente sea también el autor de la que aquí contemplamos. Una composición que a su vez pudo haber inspirado al pintor valenciano Isidoro Tapia (1712 – 1778), quien representó Inmaculadas prácticamente iguales a la que aquí contemplamos. Mateo Cerezo fue discípulo de Juan Carreño de Miranda –a su vez seguidor de Tiziano y Van Dyck– y uno de los artistas más destacados de la Escuela Madrileña del pleno barroco.
Título: Inmaculada
Autor: ¿Mateo Cerezo? (1637-1666)
Fecha: siglo XVII
Técnica: Óleo sobre lienzo
ID: PB0201