Estamos ante una magnífica representación de la Inmaculada, que podría atribuirse a Carreño de Miranda o a alguno de sus seguidores. Así lo sugiere, por ejemplo la poco convencional representación del rostro de la Virgen –como si de un retrato se tratara–, que recuerda a modelos anteriores de Rubens, pintor que ejerció gran influencia en la primera etapa artística del pintor asturiano. Del mismo modo, la característica representación de la Virgen responde aquí a los cánones de Carreño de Miranda. Así, vemos a la Virgen que apoya con delicadeza su mano derecha en el pecho, mientras la izquierda se separa del cuerpo, para mostrar la divinidad del espacio angelical en la que el artista la representa. Otro rasgo que hace pensar que nos encontramos ante una obra de la Escuela de Carrero de Miranda lo encontramos en la silueta aovada, ensanchada en la parte central de la representación de la Virgen, así como en la característica representación de ángeles que juguetean a sus pies, portando flores y ramos en sus manos, atributos de las letanías de la Santísima Virgen, aprobadas por Sixto V en 1587. De entre los angelitos representados, destaca el que aparece a la izquierda, en la base del lienzo, volando prácticamente horizontal sobre un nimbo, del que asoman –casi imperceptibles– los dos extremos de la media luna sobre los que se alza la figura de la Virgen. Elementos que estuvieron siempre muy presentes en las magistrales representaciones pictóricas que sobre la Inmaculada realizó el maestro Carreño de Miranda.
Título: Inmaculada
Autor: Anónimo (Escuela de Carreño de Miranda)
Fecha: siglo XVII
Técnica: Óleo sobre lienzo (148 x 114 cm.)
ID: PB0040