Estamos ante una obra maestra de la pintura religiosa de todos los tiempos, realizada por el pintor aragonés Francisco de Goya y Lucientes.  Asimismo, la historia de este pequeño boceto o “cuadro de caballete”, demuestra el cariño que siempre profesó Goya a las Escuelas Pías, en uno de cuyos colegios (el de Santo Tomás, en Zaragoza), cursó el genial artista sus primeras letras. Y la prueba de este afecto hacia la Orden que  le instruyó en sus años de infancia aragonesa, es este magnífico lienzo que ahora contemplamos, que fue un regalo personal de Goya al sacerdote escolapio Pío Peña poco después de haberle entregado “La última comunión de San José de Calasanz”. Obra cumbre también de la pintura religiosa, que el Museo Calasancio tiene el privilegio –junto a ésta– de conservar.

Corría el año 1819, y algunos días después de haber hecho entrega a los Padres escolapios del cuadro que le habían encargado sobre el fundador de su Orden, San José de Calasanz, un ya anciano Goya –tenía entonces 73 años de edad– salió de su casa en Madrid, con una envoltura debajo del brazo, en dirección a la calle de Hortaleza. Una vez en el colegio de los escolapios de “San Antón”, Goya pasó a la iglesia para contemplar aquella cabeza en la que tan bien había sabido imprimir el sello del divino amor, la contempló entusiasmado largo rato, y subió al aposento del Padre Pío Peña. Después de abrazarle con efusión en él desusada, desenvolviendo un cuadro de pequeñas dimensiones, pero de un valor incalculable, añadió: “Aquí le entrego a usted este recuerdo que dejo para la comunidad y que será lo último que haré ya en Madrid”.  El Padre Rector, entusiasmado con tal obsequio, recibió con viva satisfacción aquel regalo, que era un boceto de “La Oración en el Huerto”, cuadro que ahora tenemos ante nosotros.

Se trata de una pintura de intensa expresión. En ella, Cristo en medio de un paisaje desolado, vestido de blanco, hace patentes sus ansias, su angustia y dolor. Un ángel vestido de blanco le conforta. Un chorro de luz entra oblicuamente desde el ángulo superior izquierdo, rasgando la tiniebla al más puro estilo de Rembrandt. Esta luz incide primero en el ángel consolador, que sostiene el cáliz, simbolizando  el próximo sacrificio del Hijo de Dios. Y al llegar a tierra ilumina la figura de Cristo, acentuando así el blanco de su túnica, símbolo de pureza. Cristo está orante, arrodillado, con el cuerpo en escorzo, brazos abiertos, y cara de espasmo, en un gesto destacado de dramatismo, que evoca aquella otra figura de Goya, del descamisado que espera –brazos en alto– de “Los fusilamientos del 3 de mayo”. A su alrededor, tinieblas y oscuridad que Goya logra crear con colores fríos, principalmente grises verdosos.

La ejecución no puede ser más suelta, en la que el artista aplica el color con rápidos toques de pincel que sitúan a Goya en la antesala del Expresionismo. La oscuridad del conjunto indica su proximidad a Las Pinturas Negras, reflejo de la angustiosa situación que vive el artista en Madrid, ante el absolutismo de Fernando VII. Todo ello, convierte a este pequeño cuadro en una obra maestra de la pintura religiosa a nivel mundial.

Título: La Oración en el Huerto

Autor: Francisco de Goya y Lucientes (1746 – 1828)

Fecha: Siglo XIX (1819)

Técnica: Óleo sobre Lienzo (47 x 35 cm.)

ID: PB0002

Serie F: Francisco de Goya

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